Notas al pie

Mayo de 2016

El otro día pensaba en todas las canciones que ya no están de moda y que yo no te dediqué, así que empecé a hacer una lista y las anoto a medida que se me ocurren. Ya vendrá el tiempo de usarlas.

——————————–

Está lloviendo y cada vez que pasa me acuerdo de la primera vez que te vi. Caminabas a mi casa sin saber quiénes éramos.

Nos saludamos con un beso en el cachete, subimos la escalera y se largó con toda.

A veces pienso que la tormenta esperaba a que llegues. Igual que yo.

——————————–

De repente mi tiempo se transformó sólo en eso que pasa mientras no estás acá, conmigo.

En todo momento estoy pensando cuánto falta para verte, para vernos.

No sé cuál es tu magia, no sé cómo hacés para hacer que me sienta así.

Venís mañana.

Del Tinder y otras hierbas

Marzo de 2016

Síntesis de los últimos meses.

El pelotudo que me gustaba -al punto de creer que me había enamorado- me avisó que estaba saliendo con alguien, que no podíamos vernos más. Un poco me hizo dar rabia. Un poco mucho. No por él, por mí. Por haberme ilusionado, por haberle creído. Igual en el fondo creo que intuía que nunca íbamos a llegar a nada pero no me importó. Boluda.

Ojalá nunca tenga que conocer a su novia.


Actualidad.

Estoy saliendo/viéndome/cojiendo con un chico. Nicolás se llama. Estamos a dos provincias de distancia. Vívía cerca de mi ciudad hasta el año pasado pero ahora se volvió a la suya.

Lo conocí por Tinder, en noviembre del año pasado.

Me siento bien con él. Demasiado. A veces me asusto por eso, casualmente pero trato de no arruinarlo.

Todavía no nos decimos te quiero ni nada parecido pero a veces me dan ganas de gritárselo al teléfono.

Viene una vez a la semana y se queda a dormir en mi casa.

No somos nada pero a veces me da la sensación de que es como que siempre estamos empezando la relación o algo así. Tengo miedo que eso me aburra o me canse.

Me causa mucha gracia su tonada (aunque él diga que no tenga).


Mi mejor amiga (o con la que más hablo,al menos) se fue a vivir al sur.

Pasó casi en el mismo tiempo en que Nicolás me dijo que se volvía a vivir a su ciudad. Todo este tiempo me la pasé enojada con la distancia.

Ahora no sé si me pasó, si dejé de preocuparme o si simplemente me acostumbré.

No estaba muy de acuerdo con que se vaya a vivir al sur pero no tuve el coraje de decírselo. Tampoco pude decírselo a Nicolás.

El tiempo dirá.

Después de

Septiembre de 2015

Aún siento el olor de tu piel en mi cuerpo.

Estoy quieta desde hace un rato largo porque tengo miedo que el roce de la sábana me borre tu presencia.

Vos no estás, nunca te quedás. Siempre soy yo y mi quietud tratando de retenerte, de recordarte.

Mis dedos tienen memoria y pueden sentir tu espalda una y otra vez aunque no estés.

Quiero abrazarte, quiero que me abraces y quedemos así para siempre, que sigamos siendo después del sexo.

140692811--624x439
Hedy Lamarr  – Éxtasis (1933)

Precuela – Estas ganas de mierda.

Agosto de 2015

Estas ganas de mierda de verte y querer abrazarte; de sentirte cerca, de sentirme cerca. De sentirnos.
Estas ganas de no tener que dibujarle al mundo una sonrisa que no es; de mandarte a la puta que te parió cuando te hacés el lindo con otra mina (pero bien, con amor).

Estas ganas de mierda de que vengas a dormir todas las siestas conmigo (sólo a dormir); de despertarme y que estés al lado mío, o en el baño, o en la cocina pero que estés.
Estas ganas de tocarte toda la espalda porque es lo que más me gusta; de apoyar mi cabeza en tu hombro cuando la charla es aburrida o tengo sueño.

Estas ganas de mierda de querer hacerte copia de la llave para que aparezcas sin avisar; de que coordinemos dónde vamos a dormir: si en tu casa o en la mía.
Estas ganas de que si yo cocino vos laves los platos; del pucho después de coger, del chocolate en el veinticuatro.

Estas ganas de mierda de dejar de fingir que no somos nada.

Alquileres y containers

10 de octubre de 2018

El fin de semana pasado estaba con un amigo mirando el río y vimos pasar un barco de esos que llevan containers.

20181005_173607[1]

Hasta un rato antes habíamos estado charlando acerca de los alquileres y de lo bajoneante que es tener que dejar la mitad (o más) de tu sueldo para pagar algo que no va a ser tuyo. Spoiler: también hicimos las cuentas que no hay que hacer (la suma de todo lo que hemos invertido viviendo en una ciudad que no es la nuestra, sólo de alquileres).

Ocho años hace que vivimos en esta ciudad. La cuenta fue mental y el resultado fue un suspiro largo y profundo.

Los dos trabajamos de lo mismo. A los dos nos alcanza para vivir. Nos alcanza y nada más.

Creo que los dos terminamos de confirmar en ese suspiro que la posibilidad de algo propio, hoy en día, es muy lejana (y digo así por forzar alguna esperanza).

No sé si fue el aire del lugar o qué pero cuando pasó ese barco flasheamos que aunque sea queríamos una casa-container.

Y con la poca señal que había, googleamos…